Daniela De Rito

 

 

Canto, desde siempre. Escuchaba a mi mamá y a mi abuela cantar en sus cocinas, las primeras canciones que aprendí. Y que sin proponérmelo, fueron las primeras que escucho de mi voz mi hija. Cantar fue el placer mayor que tuve durante toda mi infancia. Mi fiel compañía. Mis tardes de encierro en el baño, donde la acústica era, a mi modo de ver de entonces, estupenda. Mi mayor expresión de felicidad, y mi compañía de los momentos más duros.

Luego la adolescencia me llevo por algunos caminos diferentes, pero cercanos, como el teatro y la danza.

Y a otros un poco más lejanos como la arquitectura. Pero siempre se vuelve a lo que uno más quiere, ya sea porque uno se lo propone, o porque la vida te hace un regalo. Y así es, que en una de mis clases de danza, conocí a quien fue mi primera profesora de canto. A partir de allí, nunca dejé de estudiar y nunca volví a alejarme de cantar. Entré al conservatorio, que fue una forma de alejarme, pero no del todo. Sobreviví a esa experiencia, y la vida volvió a ponerme a la gente apropiada en el momento justo, para volver a dar una vuelta y no perderme nuevamente, en ese mundo apretado que me asfixiaba. Otro regalo.

Luego descubrí que lindo seria poder acompañar en ese camino maravilloso a todo aquel que por la razón que fuera, alguna vez pensó en cantar. A quien quiera hacer de eso una forma de vida, a quien quiera expresarse de una manera nueva, a quien quiera aprender a cantar su tema favorito, o a cualquiera. Cualquiera que tenga ganas de entregarse un rato, al maravilloso mundo de hacer música con nuestro propio cuerpo.